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Regenerar: cuando el futuro florece a partir del pasado

Por 2 de April de 2025Artículos, Noticias
Regenerar

Cuando hablamos de regeneración, ¿qué nos viene a la mente? Tal vez un bosque que se reconstruye tras un incendio, un río que vuelve a tener agua limpia o incluso una ciudad que revitaliza espacios antes abandonados. La palabra evoca esta idea de renacimiento, de curación, de algo que se transforma para seguir existiendo. Pero regenerar es mucho más que restaurar lo que se ha perdido.

En el diccionario, “regeneración” se define como “acto o efecto de regenerar; rehacer; recuperar”. Pero en la práctica, este concepto va más allá. Para nosotrxs en Raízes Desarrollo Sostenible regenerar es una invitación a mirar el mundo de otra manera.

No se trata sólo de recuperar lo que se ha degradado y devolver algo a su estado original. La regeneración es un proceso vivo, dinámico y adaptativo. Significa crear algo nuevo a partir de lo que existía, respetando los ciclos de la vida y la capacidad de renovación de los sistemas naturales y sociales.

La naturaleza como gran maestra de la regeneración

La naturaleza es la mayor experta en regenerarse. Tras una quemadura en la corteza, un árbol no volverá a ser exactamente el mismo, pero creará nuevas capas protectoras. Un bosque devastado por el fuego puede no tener la misma composición que antes, pero la vida encuentra formas de volver a florecer. El suelo degradado, cuando se gestiona bien, recupera sus nutrientes y su fertilidad.

La regeneración natural se produce a través de procesos espontáneos: las semillas transportadas por el viento o los animales dan lugar a nuevos árboles, los hongos y las bacterias devuelven al suelo su vitalidad y ecosistemas enteros encuentran un nuevo equilibrio. Estos procesos nos enseñan que regenerar no significa simplemente restaurar el pasado, sino construir un futuro a partir de él.

La regeneración va más allá del medio ambiente

Aunque a menudo asociamos la regeneración con la naturaleza, también está presente en otros aspectos de la vida. Las comunidades pueden regenerarse, rescatando y fortaleciendo sus culturas, las economías pueden adoptar modelos más circulares y colaborativos, y las relaciones pueden reconstruirse sobre la base del aprendizaje y la cooperación.

En la economía regenerativa, por ejemplo, la idea es crear sistemas productivos que no sólo minimicen los daños al medio ambiente, sino que también generen impactos positivos mediante la restauración de la biodiversidad, el fortalecimiento de las comunidades locales y una redistribución más equitativa de los recursos.

Daniel Wahl, investigador, defensor de la cultura regenerativa y autor del libro Designing Regenerative Cultures, afirma que las sociedades verdaderamente sostenibles no sólo evitan destruir el planeta, sino que trabajan activamente para regenerarlo, creando las condiciones para que prospere toda forma de vida.

La regeneración es un camino, no un destino

Si miramos al mundo de hoy, vemos muchos retos medioambientales y sociales. Pero también vemos oportunidades. Regenerar es un movimiento, un camino continuo de aprendizaje, adaptación e innovación.

Podemos aprender de la naturaleza y aplicar sus principios a nuestras acciones cotidianas, ya sea apoyando iniciativas regenerativas, cambiando nuestros hábitos de consumo o participando activamente en soluciones para un futuro más equilibrado.

 

Si regenerar significa transformar sin olvidar la historia, ¿qué podemos hacer hoy para contribuir a este movimiento? ¿Cómo podemos cultivar relaciones, territorios y economías más regenerativos? La respuesta puede estar en nuestras elecciones cotidianas y en la forma en que decidamos caminar juntxs hacia un mundo más justo y sostenible.

Este es el primero de una serie de artículos en los que abordaremos este tema desde distintos ángulos y con la aportación de diferentes profesionales de nuestro equipo. ¡Así que no deje de seguirnos por aquí!