
¿Sabías que el punto más alto de Brasil está gestionado por un pueblo indígena con el que se ha establecido contacto recientemente? El Pico da Neblina, también llamado Yaripo por los yanomami, se encuentra en la frontera entre Brasil y Venezuela, dentro del territorio del pueblo Yanomami y del Parque Nacional del Pico da Neblina.
Hasta hace unos 50 años, los yanomami vivían sin contacto permanente con la sociedad no indígena y hoy en día son protagonistas de una de las experiencias más desafiantes y hermosas del turismo comunitario y de aventura en el país.
La expedición hasta la cima implica aproximadamente nueve días de caminata por la selva amazónica, cruzando ríos, zonas inundadas y senderos densos. Un itinerario exigente, que combina esfuerzo físico, logística compleja y una relación directa con el territorio. Pero lo que sustenta esta experiencia va mucho más allá de la aventura.
El territorio Yanomami y su relación con la selva
Los yanomami viven entre Brasil y Venezuela, en una de las mayores tierras indígenas del mundo. Según el Instituto Socioambiental (ISA), la Tierra Indígena Yanomami alberga a unas 30 000 personas y desempeña un papel fundamental en la conservación de la selva amazónica.
La relación de este pueblo con el territorio está profundamente integrada en su visión del mundo. Tal y como lo describe Davi Kopenawa en La caída del cielo, libro debatido en el Club de Lectura de Raízes DS en 2025, «el bosque no es solo un espacio físico, sino un sistema vivo, habitado por espíritus, recuerdos y relaciones. La montaña, los ríos y el bosque forman parte de una misma red de existencia».
Este entendimiento ayuda a explicar por qué cualquier iniciativa económica, incluido el turismo, debe planificarse con cuidado, diálogo y respeto por los límites del territorio.
El turismo en Yaripo se desarrolla en un contexto poco habitual de superposiciones. Se trata, al mismo tiempo, de una tierra indígena y de una unidad de conservación federal, un parque nacional gestionado por el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio).
Las visitas están reguladas por una Instrucción Normativa Conjunta (INC) del ICMBio y la Fundación Nacional del Pueblo Indígena (FUNAI), un instrumento reciente que busca dar cuenta de las especificidades del turismo en tierras indígenas dentro de la Unidad de Conservación. Además, la región involucra a otros actores institucionales, como el Ejército Brasileño, presente en la franja fronteriza entre Brasil y Venezuela.
Esta estructura revela la complejidad de operar turismo allí: nada es sencillo, ni debería serlo.
Desafíos para desarrollar el turismo
Yaripo Ecoturismo opera en uno de los destinos más remotos y caros de Brasil. Solo el desplazamiento terrestre y fluvial hasta la región puede superar los 24 000 reales. Esto plantea claros retos en materia de competitividad y acceso al mercado.
También hay retos de calificación y traducción entre mundos. Los yanomami, que hasta hace unas décadas no tenían contacto con la lógica capitalista, hoy dirigen un negocio que necesita dialogar con operadores acreditados, expectativas de turistas y normas institucionales. Al mismo tiempo, este negocio solo tiene sentido si está alineado con los valores, el tiempo y la forma de organización del propio pueblo.
Pensar en el turismo en este contexto significa lidiar constantemente con límites.
En este contexto se llevó a cabo la revisión del Plan de Negocios de Yaripo Ecoturismo, una construcción colectiva realizada en la aldea de Maturacá, junto con el pueblo Yanomami y el Instituto Socioambiental, organización de referencia en el trabajo con los pueblos indígenas de Brasil.
Raízes fue invitada a contribuir en este proceso y realizó una inmersión de una semana en el territorio, con cuatro talleres facilitados por nuestra directora ejecutiva Mariana Madureira y nuestro consultor Ricardo Cerqueira. El trabajo partió del Plan de Negocios vigente y dialogó directamente con la actualización del Plan de Visitas elaborado por la FUNAI y el ICMBio.
La importancia de esta construcción conjunta radicó precisamente en el método: escuchar, intercambiar y acordar. Se debatieron temas delicados, como la formación de precios, la inflación, la indexación, los fondos comunitarios y el uso de los recursos, a partir de la práctica cotidiana del turismo y las dudas reales de la comunidad.
Uno de los puntos centrales fue el entendimiento colectivo sobre porcentajes y planificación. Al comprender cómo funcionan estos cálculos y para qué sirven, el grupo avanzó en la autonomía de la gestión y en la claridad sobre el uso de los recursos.
También hubo espacio para observar al visitante. Identificar quién es el turista, qué busca y cuáles son sus necesidades exigió un cambio de perspectiva, trabajado a partir de herramientas sencillas, como el mapa de empatía, y mucha conversación.
Resultados, acuerdos y permanencia
Al final del proceso, se acordaron valores reajustados para la nueva tabla del plan de visitas, además de recomendaciones entregadas al ISA para fortalecer Yaripo Ecoturismo como un negocio de base comunitaria, alineado con el territorio y viable dentro del mercado.
Más que un documento técnico, el plan revisado expresa un acuerdo colectivo. Un entendimiento construido entre muchos, respetando el territorio, la cultura y los límites involucrados.
El Pico da Neblina seguirá allí. El bosque también. Por eso, esperamos que iniciativas como esta contribuyan a que el pueblo yanomami permanezca en su territorio con autonomía y en condiciones de seguir cuidando lo que sustenta la vida.
Cuando el turismo se encuentra con el territorio, deja de ser solo una actividad económica y se convierte en una herramienta de permanencia.




