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¿Todo proyecto, necesariamente, necesita comenzar con un diagnóstico?

Por 23 de January de 2026Noticias, Vídeos

Llevamos 20 años estructurando proyectos y nos hemos encontrado muchas veces con resistencias en el territorio de los beneficiarios, que ya han sido entrevistados en varias ocasiones por consultoras, ONG y agentes estatales (para el diagnóstico de proyectos) o por investigadores. Lamentablemente, muchas de las investigaciones no vuelven a los territorios y muchos proyectos se abandonan en la fase de reconocimiento de las necesidades. El resultado es una frustración legítima.

Por parte de los clientes, existe la percepción de que se pierde tiempo y recursos cuando esta etapa se prolonga o cuando, por casualidad, ya se ha llevado a cabo en otro momento, como en los casos que hemos mencionado anteriormente. Y en este caso surge la pregunta: ¿se puede saltar esta etapa y comenzar un proyecto sin un diagnóstico de la situación actual del territorio?

La respuesta es no. Pero la forma de llevar a cabo este «diagnóstico de proyectos» —que preferimos llamar mapeo— puede variar mucho en cuanto a método, tiempo y recursos, dependiendo de cada contexto.

El mapeo como lectura del territorio

Antes de cualquier propuesta, plan o intervención, hay una etapa básica que es fundamental: comprender profundamente el territorio. Para Raízes, el mapeo de territorios no es solo un levantamiento técnico, es un ejercicio de escucha, observación y lectura cuidadosa de las dinámicas que dan forma a cada lugar.

Cada territorio está vivo. Conlleva historias, conflictos, flujos, relaciones y fuerzas que no siempre se aprecian a primera vista. Por eso, cartografiar va mucho más allá de identificar personas o instituciones: implica reconocer todo lo que actúa e influye en ese espacio, ya sea humano o no humano.

El mapeo realizado por Raízes se basa en una combinación de tecnologías, datos y presencia sobre el terreno. Una mirada al historial permite comprender cómo se formó ese lugar, cómo se transformó y qué caminos recorrió hasta el presente.

En el terreno, el enfoque se amplía. El territorio pasa a ser observado como un sistema de relaciones: comunidades, organizaciones, infraestructuras, recursos naturales, actividades económicas e incluso elementos como ríos, emprendimientos o áreas de conflicto. Todo ello conforma las dinámicas locales y ayuda a revelar cómo funciona realmente el territorio. Este proceso meticuloso permite construir una imagen de la realidad actual, no como algo estático, sino como un conjunto de interacciones en constante movimiento.

En este sentido, mapear significa reconocer el territorio tal y como es, respetando sus complejidades, para que las acciones futuras tengan sentido, dialoguen con el contexto local y tengan un potencial real de transformación. De esto hablamos en nuestro vídeo «Cómo mapeamos un territorio», en el que compartimos la visión de Raízes sobre cómo el diagnóstico de proyectos orienta nuestro trabajo.

¡Échale un vistazo a continuación (en portugués)!