¿Cómo pueden contribuir los métodos ágiles al trabajo de un negocio social?

Por 10 de September de 2026Noticias

La pregunta que da título a este texto surgió durante la lectura de la 5.ª edición del Club de Lectura de Raízes. A lo largo de las reuniones, debatimos detenidamente nuestras experiencias en los proyectos y la forma en que nos organizamos, con el objetivo de comprender cómo los métodos ágiles podrían ayudarnos a trabajar mejor.

Desde 2023, el club reúne a personas de la comunidad Raízes para hablar sobre lecturas elegidas por el grupo. Empezamos con «Enseñando a la comunidad», de bell hooks, y después debatimos sobre «Reinventando las organizaciones», de Frederic Laloux. También dedicamos algunas sesiones a La caída del cielo, de Davi Kopenawa y Bruce Albert, y a La Tierra da, La Tierra Quiere, de Nego Bispo, con debates sobre los modos de vida en los territorios y nuestra relación con los conocimientos de quienes los habitan. Las lecturas anteriores volvieron a ser tema de conversación en esta edición, especialmente al reflexionar sobre la autonomía de los equipos y las comunidades con las que trabajamos.

Una de las aportaciones más valoradas por el grupo fue comprender que la agilidad debe tener sentido para cada actividad. Los procesos administrativos recurrentes, por ejemplo, tienen requisitos diferentes a los de un proyecto en fase de desarrollo, en el que necesitamos poner a prueba una propuesta y hacer un seguimiento de sus resultados para decidir cómo continuar. Esta distinción nos ayudó a analizar con mayor criterio la adopción de métodos y lo que esperamos conseguir con ellos.

Otra idea que dio pie a interesantes conversaciones: la agilidad puede entenderse como la capacidad de aprender rápidamente de la experiencia. 

El cambio de herramientas de gestión de tareas en la propia Raízes sirvió de ejemplo de este aprendizaje, ya que su uso diario permite evaluar qué funciona y reconocer cuándo conviene realizar un cambio.

Para que esto suceda, es necesario que haya una actitud abierta para hablar de las dificultades y revisar las decisiones. Retomamos, pues, un debate que ya se planteaba en la lectura de Reinventando las organizaciones: la cultura de un equipo se construye en función de cómo participan las personas y cómo se las trata, incluso cuando algo sale mal.

 

La posibilidad de repartir mejor el trabajo fue otro aspecto que despertó nuestro interés. La colaboración puede reducir la sobrecarga individual y permitir que el conocimiento siga estando a disposición del equipo, incluso cuando alguien está ausente. Al relacionar esta propuesta con nuestra realidad, consideramos que un equipo pequeño, con funciones especializadas, necesita claridad sobre cómo distribuir las responsabilidades. La colaboración exige tiempo y coordinación, especialmente para evitar que las personas más solicitadas acaben acumulando aún más tareas.

Agilidad en el contexto de una empresa social

Los ejemplos de grandes empresas que se presentan en el libro Ágil de la manera correcta dieron lugar a algunas reflexiones por parte del grupo. En Raízes, trabajamos tanto con quienes financian los proyectos como con las personas que participan en ellos sobre el terreno, cuyas necesidades pueden diferir de las expectativas iniciales de quienes nos contratan. Por eso, evaluar una entrega implica tener en cuenta lo que representa para la comunidad.

Esa conversación nos llevó a la evaluación, un proceso en el que nos dedicamos a escuchar y comprender la realidad local para orientar el diseño de un proyecto. Reconocemos que esta práctica ayuda a debatir propuestas que llegan ya definidas y a construir, junto con las personas implicadas, soluciones más adecuadas al contexto.

También tenemos en cuenta las limitaciones que imponen los plazos de aprobación y los requisitos contractuales de los clientes. Un equipo puede tener autonomía para organizar su trabajo y, aun así, depender de decisiones externas para seguir adelante. Hemos debatido cómo tener en cuenta estas condiciones en la planificación, preparando todo lo posible con antelación y reduciendo el desgaste provocado por los cambios de ritmo.


¿Qué vamos a aprender de todo esto?

La lectura sobre métodos ágiles planteó algunas reservas, sobre todo por la distancia que existe entre algunos de los ejemplos corporativos y el día a día de una empresa social, pero nos brindó buenas oportunidades para analizar nuestras propias prácticas. De esas conversaciones salimos con ideas concretas que debatir en equipo, como organizar mejor las reuniones y compartir lo aprendido en los proyectos. Es una de las razones por las que seguimos reuniéndonos para leer: la experiencia de una persona suele ayudar a otra a darse cuenta de algo que se le había pasado por alto.

¿Utilizas métodos ágiles en tu trabajo? Cuéntanos cómo ha sido esa experiencia.